Encorchado y etiquetado
Una vez dosificado el vino, se tapona la botella con un tapón de corcho, cubierto por una placa, y todo ello protegido por un bozal.
Las botellas vuelven a la bodega de nuevo, donde permanecerán alrededor de tres meses, para que el vino y el licor de expedición se diluyan armoniosamente.
Finalmente, se examinan las botellas a trasluz y se procede al acabado final (colocación de la cápsula, de la etiqueta y del collarín), así como al embalado. Y listas para salir.
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